• La muralla de Alpuente
La Muralla de Alpuente
Información básica sobre la muralla del Castillo de Alpuente:

De la muralla que en época musulmana cerraba el perímetro de la Villa de Alpuente, se conservan numerosos restos que permiten reconocer su desplazamiento y trayectoria, aunque la mayor parte de ellos se hallan en un estado de importante deterioro.

 

La muralla se extendía en la vertiente oeste de la población, a lo largo e aproximadamente 600 metros partiendo del llamado "Portillo", por el sur y llegando en rampa descendente hasta asomarse al barranco Reguero, por el norte y a partir de aquí, la propia ladera natural del cerro sobre el que se alza el Castillo, de gran desnivel y verticalidad, completa el cierre del recinto amurallado por el este. 

 

La muralla, que antaño dividía el pueblo en dos mitades, contaba con catorce torres de seis a ocho metro de espesor, de las cuales quedan restos, en la actualidad, aunque, en su mayor parte, en un estado lamentable de deterioro. Hace pocas décadas, los restos de dos de las torres fueron destruídos. 

 

La torre mejor conservda es, sin duda la del actual Ayuntamiento, antigua Aljama que constituía la puerta de entrada principal al recinto amurallado. 

 

Desde el Ayuntamiento y en dirección sureste, se encuentran restos de la muralla y de una de las torres adosada a la misma (torre del albergue) De la torre que se halla adosada a este tramo de muralla queda bastante muestra. 

 

En línea con esta torre, y ya en el límite de la villa, se haya otra torre similar, aparentemente la última del recinto amurallado, siendo que a partir de ella el propio cortado de la montaña crearía una  barrera natural que dificultaría el paso al interior del recinto fortificado. Sus muros fueron incorporados a la construcción de viviendas privadas.

 

Al otro lado del collado donde se levanta la villa de Alpuente, se encuentran los montes de San Cristóbal. Tanto en la parte inferior de su ladera como en lo alto del monte, se han encontrado restos que podrían pertenecer a dos torres vigías que funcionarían como apoyo al resto del sistema defensivo, ya que de esta manera, el acercamiento de tropas enemigas desde el oeste, que no podría ser avistado desde el Castillo, quedaría controlado desde estas torres de vigilancia. 

 

Cabría la hipótesis de que entre la última torre de la muralla y la que se halla a los pies del monte de San Cristóbal hubiera existido una barbacana o paso amurallado que las uniese. Tal  vez de ahí el "altum pontum" que daría nombre a la villa. 

 

En dirección norte, encontramos diversos restos de la muralla, bastante fragmentada. Junto a este tramo de muralla se hallaba una torre árabe, derribada hacia algunas décadas, bajo la cual surgió parte de la base de una estructura, posiblemente romana, la cual fue restaurada y conservada. 

Un poco más adelante, vuelve a aparecer la muralla. Se trata del lienzo conservado de mayor longitud, aunque su altura es variable. Por su parte superior, en algunos tramos sirve de parapeto al camino de bajada que lo acompaña. 

 

En otros tramos, su altura es inferior al nivel del camino, y se ha reconstruído, hasta crear un antepecho al camino, con muro de mampostería de menor altura y espesor, que se distingue fácilmente de la muralla. También de conserva una saetera alojada en la misma, ciertamente interesante. 

 

Por el trasdós de la muralla, todavía se conservan algunas de las torres adosadas a la misma, aunque su estado de conservación es bastante malo. 

 

Al final de este extenso tramo de muralla, los restos de ésta han sido incorporados y han servido de base para una construcción privada posterior. 

 

A partir de este punto, y siguiendo las pendientes del terreno, se produce un cambio en la dirección de la muralla, empezando ésta a girar hacia el este. Nos vamos encontrando restos muy interesantes y valiosos de la muralla y de varias torres, pero todo muy deteriorado. 

 

Se trata de lienzos de muralla generalmente de mampostería e incluso, en algunos tramos en donde los mampuestos han ido cayendo, se observa en la construcción en tapial en su interior. 

 

Las imponentes torres que se conservan presentan un estado ruinoso, debido a la pérdida de una gran parte de la mampostería.

 

La muralla tendría su fin por el norte donde probablemente se enlazaría al cortado sobre el que se asienta el Castillo, siendo a partir de aquí la propia ladera natural del cerro la que uniría la función defensiva del recinto por el este. 

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